sábado, 7 de marzo de 2009

Armando el rompecabezas: Mar del Plata durante el genocidio

“En Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria”, escribió Eduardo Galeano. El 24 de Marzo se cumple otro año más del recuerdo sobre la última dictadura militar. Otro año más de conciencia y lucha popular. Lamentablemente, la modorra de la amnesia obligatoria continúa.

Los juicios por la verdad no son realmente eficientes para juzgar a los genocidas, muchos de los funcionarios que hoy están en el poder judicial fueron partícipes del golpe cívico – militar del 76. Por otro lado, se debió esperar más de veinte años para cambiar el prólogo del Nunca Más. Ese texto escrito por Sábato, plantea la teoría de los dos demonios. Concepto facilista que busca justificar los hechos de lesa humanidad perpetrados por las fuerzas armadas. Bajo ningún punto de vista el terrorismo de estado es comparable con cualquier accionar civil.

En lo que respecta al ámbito comunicacional, los periodistas estamos en deuda con la memoria y con los colegas caídos y perseguidos durante el proceso.

Este informe buscará aportar un granito de arena para seguir construyendo el pasado que se quiso enterrar. Mar del Plata será el eje de la investigación, la ciudad con mayor cantidad de centros de torturas del país a nivel poblacional.

Por los 30.000 desaparecidos, por los más de 91 periodistas asesinados, por los perseguidos, por los que persisten en la construcción de la conciencia, por la memoria y por la justicia trataremos de armar el rompecabezas del proceso militar en la “Feliz”.

A continuación, los primeros dos testimonios:

Victor Venna:

¿Cómo viviste los años 70?
-De lo que me acuerdo es que se comentaba de ciertas desapariciones de distintas personas pero no se sabía exactamente lo que estaba pasando. En ese tiempo estudiaba en el Colegio Industrial y como participaba en el centro de estudiantes, ya que era delegado de mi curso, de golpe comenzaron a aparecer los famosos “Falcon verdes” en la puerta o esquina de mi casa. Para ese entonces tenía entre 16 y 17 años.

¿Qué tipo de actividades realizaban en el centro de estudiantes?
-En el centro de estudiantes había varias agrupaciones políticas: CNU, JUP y UES las cuales, eran integradas por chicos que cursaban quinto año, en ese momento yo estaba en primer año. Las actividades eran por mejoras en la educación, se peleaba por el boleto estudiantil, entre las más destacadas.

¿Cómo viviste el servicio militar?
-Lo hice en la base de Tandil durante 14 meses y justo cuando entré al servicio militar se daba el conflicto del Beagle con Chile. Nos lavaban la cabeza a tal punto que veías un chileno y te lo querías comer.

Mientras estuviste en el servicio militar, ¿tuviste algún tipo de información sobre los centros clandestinos?
-No, nada. Porque esas tareas las realizaban los oficiales. Luego del servicio volví a la vida civil, pero yo sufro la represión antes de entrar allí, mientras estaba en el centro de estudiantes.

¿Cuándo te secuestran?
-No me acuerdo la fecha, sé que fue durante las vacaciones de invierno. Me fueron a buscar a la casa de mis abuelos, me desperté a las seis de la mañana con un fusil en la cara, eran soldados uniformados y había un oficial de marina que era el que manejaba todo. Me pegaron un cachetazo y me tiraron al piso de una camioneta de doble cabina, me encapuchan y me llevan a la base naval; y sé que era la base naval porque se escuchaban las bocinas de los barcos. Después me enteré que en la base aérea había otro centro clandestino. A partir de ese momento empezó mi “pequeño delivery”.

Mientras estabas secuestrado, ¿Pudiste establecer contacto con otros presos o ver la forma de operar de los militares?
-Es increíble cómo se te agudizan los sentidos cuando te falta uno de ellos. Una sola vez pude apenas levantarme la capucha y vi a varias personas que se encontraban en la misma situación que yo: encapuchados y esposados. Durante la mañana y a la noche eran las sesiones de tortura. En uno de los interrogatorios me sacaron de la Base Naval y me llevaron a una casa por el Bosque Alegre, la cual estaba destruida y me mostraban fotos de personas preguntándome si las conocía. La primera vez que me torturaron, me pusieron sobre una mesa de mármol, me colocaron grilletes en los pies y me los empezaron a apretar de tal manera que parecía que me rompían los huesos.

Escuchar los gritos de las mujeres y de los hombres a la mañana y a la noche era terrible, preferías que te peguen un tiro. Son momentos que uno quiere borrar, momentos que cree superados pero en realidad no, vuelven.

Luego de esos 15 días, ¿cómo fue tu liberación?
-Me llevan a Alvarado y Misiones en uno de los Falcon, cuando llegamos me sacan la capucha y me desatan, me dejan en la puerta de un edificio y me piden disculpas porque se habían equivocado.

Carlos Cervera:

Antes de la dictadura, ¿Qué realizabas en la militancia?
-Participé en el centro de estudiantes del Colegio Industrial, que fue durante la dictadura de Onganía. Empecé mi relación con la política, como casi todos en esa época a fines del secundario. Comencé a relacionarme con grupos de militancia barrial y sindical.

Se anuncia el primer comunicado de Videla y… ¿Qué cambia en la ciudad?
-La cuestión comienza a ponerse dura mucho antes, yo no pude darme cuenta de eso porque a mí me meten preso en julio del 75. Uno ya empezaba a vivir la dictadura en democracia, empezó en el 66 y termina en el 73 con el triunfo de Cámpora. En los primeros meses de su mandato se liberaron presos políticos y se produce toda una reivindicación de los derechos populares pero ya en marzo del 74 hay un avance de la derecha peronista.

El 24 de marzo del 76 fue un hito que marcó la historia, pero la represión empieza mucho antes, los primeros desaparecidos fueron en el 75. Se empieza a instilar un clima de terror en los sectores más politizados, con el surgimiento de la triple A.

Cuando te detienen, ¿estabas encerrado en forma clandestina o “legalizado”?
-Fui un preso “legal”, estuve dos días detenido que no figuran en ningún lado, tal es el caso que me detienen el 26 de julio y en todas las actas dice que fui detenido el 28. Fui secuestrado en democracia pero fui torturado en dos dependencias policiales, de modo que estando en democracia no significaba que no hubiese tortura. Ya en octubre del 75 se militarizan las comisarías, luego voy al Hospital de la Unidad 9 de Olmos, ahí estoy tres meses y paso a la Unidad 9 de La Plata, donde se concentraban los presos políticos.

Pronto sufro un traslado transitorio a Mar del Plata a un juzgado federal para hacer declaraciones. Si bien era un preso “legal”, me trasladan encapuchado y en avión. No eras un desaparecido pero la legalidad era relativa. A principios del 79 me trasladan a la cárcel de Caseros, la cual estaba construida con lo último y lo más nuevo en sistema penitenciario, terminó siendo lo peor.

¿Cuánto tiempo estás detenido?
-Cuatro años y unos meses, a mí me liberan a fines de septiembre del 79. Salgo del penal de Caseros, voy para Buenos Aires, y al otro día me van a buscar a la casa de mis padres en Mar del Plata. Ahí es cuando decido exiliarme y salgo por la frontera de Brasil hacia España.
Recién hago mi primer viaje de retorno en el 84 y vuelvo definitivamente en el 90, por una cuestión de trabajo y de incertidumbre.

Hay un desaparecido en democracia y vos participaste en los juicios por la verdad, ¿sufriste alguna amenaza?
-No tanto como para llamarla amenaza no. Lo que sí sabemos es que hay sectores que operaban en la dictadura que siguen estando latentes, lo de López es un caso bien claro, fue una forma de decir: seguimos estando. Acá hubo pocas amenazas, pero en otras partes del país como Buenos Aires, hubo varios casos. Pero si el objetivo fue parar todo, lo importante es que no lo lograron. Lamentablemente el caso de López sigue sin esclarecerse y esa es una deuda de la democracia.

Diego Malbernat / Carolina D'alessandro

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